LOS PRIMEROS ENCUENTROS
LOS PRIMEROS ENCUENTROS
Así, Estanislao Balder (el protagonista principal) en el apartado LLAMADO DEL CAMINO TENEBROSO experimenta la siguiente situación:
"... buscaba romper los vínculos que lo ligaban a la sociedad de sus semejantes, para penetrar al subsuelo(2) donde se movían las larvas. Refiriéndose a semejante estado, decía Balder luego:
'Si en aquellas circunstancias, un ser superior a mí, se me hubiera acercado para pronosticarme los millones de minutos de sufrimiento que me aguardaban, no habría retrocedido en mi propósito de estar junto a Irene(3). Cada pulgada cúbica de mi cuerpo exigía imperiosamente la prolongación del hechizo a que me había sometido la jovencita. Era imperiosamente necesario para mí el recorrido de esa misteriosa trocha de subsuelo humano, donde los pálidos recuerdos subconscientes, los ancestrales monstruosos(4) y los destinos ciegos aguardan para nutrirse de nuestra sangre, que allí les será concedida en profundos vasos.'"
Ricardo Accurso
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(1) Platón emplea el verbo anagein cuando se refiere a orientar la existencia hacia el topos uranos,el Cielo o mundo de las Ideas, de las cuales el mundo terreno es una pálida sombra, una mala copia.
(2) Inmediatamente recordamos MEMORIAS DEL SUBSUELO de Fedor Dostoievki, uno de los escritores más frecuentados, junto con Pío Baroja, por Roberto Arlt.
(3) Irene es la jovencita de la cual se enamora Balder (un hombre que ya tiene una mujer y un hijo), la cual ejerce un influjo rayano con lo sobrenatural. Se conocen "fortuitamente" en la estación ferroviaria de Retiro, donde Irene fija su mirada misteriosamente en Balder. Esta relación enfermiza recuerda a EL PARASITO de Arthur Conan Doyle, con la diferencia de que en esta novela del escritor escocés la mujer cautivadora no presenta ningún atractivo físico, al contrario, y es mucho mayor en edad (prácticamente una anciana) que el joven sobre el cual irradia un magnetismo avasallante que doblega su voluntad y lo esclaviza. Curiosamente, Irene es un nombre de origen griego que significa "paz", no reflejando para nada una relación caracterizada por la agonía, el combate entre potencias contrarias que llevan a Balder al terreno de la insanía mental.
(4) Aquí pareciéramos estar escuchando a Howard Phillips Lovecraft.
De los numerosos símbolos que aparecen en una u otra tradición o civilización, alejados en el espacio o en el tiempo y que son idénticos, merece especial atención el símbolo de la rueda. No sólo porque éste se da en todas las culturas de las que tenemos noticia, sino también por las innumerables posibilidades que brinda, la diversidad de campos que abarca y la acción concentradora que ejerce en el estudio y el ordenamiento indispensable en cualquier investigación seria.
Por otra parte, las relaciones de todo tipo a que se presta este símbolo parecen indefinidas, así como sus conexiones con otros pentáculos igualmente tradicionales. La esfera es en la tridimensionalidad lo que el círculo es en el plano. Sabido es que el el símbolo de la rueda se representa gráficamente como un punto y la circunferencia a que da lugar por la irradiación de sus posibilidades. Mientras el punto central (o eje de la rueda) permanece fijo e inmutable, la periferia se mueve y gira alrededor de él.
De la energía centrífuga, que parte del centro a la periferia, y de la energía centrípeta, que retorna a su centro, eje o fuente. Para volver a extenderse una vez más, siguiendo una ley universal a la que obedecen las mareas de los mares (flujo y reflujo) y la tierra (condensación, dilatación). Así como la diástole y la sístole, la aspiración y la expiración del hombre o del universo, es decir, tanto de lo microcósmico como de lo macrocósmico.
Es este símbolo también la manifestación de lo que siendo apenas virtual (el punto) genera un espacio o plano (que delimita la circunferencia). Es curioso observar que el punto central y la circunferencia, "que juntos conforman la figura del círculo", constituyen el emblema astrológico del sol, que es el padre de la vida, la que produce por irradiación de su energía hasta sus propios límites.
Y está obviamente ligado, por lo tanto, con el espacio y el tiempo, y asociado o unido a cualquier idea de cosmogonía y creación.
En este mismo sentido, el movimiento superficial de la rueda, o externo, estaría vinculado con la manifestación, mientras la virtualidad, la inmovilidad del punto central o eje, se hallaría conectada con lo inmanifestado.
En la nomenclatura alquímica, el punto y la circunferencia y a veces sólo un círculo (simbolizado por Uróboros, la serpiente que se muerde la cola), son imágenes de la vida y su origen, de la sucesión y la simultaneidad. Y también del oro entendido como rey de los metales o símbolo de la perfección mineral.
Hay que recordar que la alquimia sostiene que la energía de los astros en los cielos se cristaliza en la de los minerales, siendo ambas análogas entre sí.
Esto es lo mismo que decir que existe una reciprocidad entre cielo y tierra y viceversa. Es innecesario agregar que estas relaciones están invertidas la una con respecto a la otra y que la perspectiva o visión varía según se tome un punto o el opuesto.
Lo mismo sucede con el punto central y la circunferencia a que da lugar. Siendo estos términos complementarios, están sin embargo jerarquizados. Lo más alto es el cielo, lo más bajo es la tierra. "El hombre acata las leyes de la tierra, la tierra acata las leyes del cielo" (Tao Te King).
Es imprescindible un punto central o eje para que la circunferencia o la rueda existan, no así a la inversa. Hay una correlación , pero también una preeminencia con respecto a la mitad superior (cielo) y a la mitad inferior (tierra) de una esfera.
Las modalidades especiales del símbolo de la rueda surgen por la irradiación, o por la "actualización", de las "potencialidades" del punto central, que se hace "presente" en el tiempo, creando un campo espacial.
Federico González: EL SIMBOLISMO DE LA RUEDA (Buenos Aires, Kier, 2006)
| Cabe acotar que el pájaro es un símbolo de la divinidad, representando su vuelo la ascensión desde lo terreno hacia lo celestial. No es casual que en la tradición cristiana el espíritu santo se simbolice a través de la paloma. Una connotación similar presenta el ave Fénix, además de estar asociado con la regeneración y el paso de una vida inferior a otra superior. Toda actividad que se iniciaba o todo emplazamiento habilitado tras el consentimiento de los augures - una vez presagiada la buena voluntad de los dioses- se denominaba inaugurado o inaugurada. Se inauguraban así magistraturas, sacerdocios, fiestas, templos, poblaciones, etc. |