miércoles, 30 de junio de 2021

EL CRONOS GRIEGO Y SUS TRES EQUIVALENTE IRLANDESES: TETHRA, BRESS Y BALAR

 

Tethra -rey de los Fomoré que, en Mag Tured, huyó dejando su espada en manos de los triunfantes Tuatha De Danaan y que a continuación se convirtió en rey de los muertos- es idéntico al Cronos de Hesíodo y de Píndaro. Este, vencido y destronado por Zeus, obtiene un nuevo reino en el país maravilloso donde los héroes difuntos vuelven a encontrar, junto con una segunda vida, las alegrías de la patria perdida.

Según la fábula griega, antes de su derrota Cronos había sido rey del cielo: en la época en que la raza de oro vivía sobre la tierra no había en todo el mundo otro amo que él. 

La raza de oro de los griegos es idéntica a los Tuatha De Danann de la mitología irlandesa. En la leyenda de Bress, rey Fomoré que reinó sobre los Tuatha De Danann, encontramos asímismo en Irlanda una parte del mito de Cronos.


Después de la sátira del file (1) Corpré, la rebelión de los vasallos de Bress hizo caer del trono a este príncipe mítico y arrancó a los Fomoré la soberanía de Irlanda mediante una revolución cuyos resultados adquirieron carácter definitivo cuando aquellos fueron derrotados en la batalla de Mag Tured

Bress es idéntico a Cronos, pero se trata de un Cronos incompleto, ya que, si bien es el rey del mundo en la época de la raza de oro, no es cambio rey de los muertos, y no vemos que haya combatido en la batalla de Mag Tured, como lo hizo Cronos en la batalla de lo dioses contra los Titanes.

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File: plural fili. En el siglo IV d. C., en la época de San Patricio, los druidas son despreciados y comparados a simples hechiceros; entonces es cuando los fili, a la vez poetas, sabios y juristas, ocupan la cúspide de la jerarquía druídica. (Jean Markale, Pequeño diccionario de mitología céltica)

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H. d'Arbois de Jubainville: EL CICLO MITOLOGICO IRLANDES Y LA MITOLOGIA CELTICA (Barcelona, Edicomunicación, 1996, pp.129-130)


lunes, 28 de junio de 2021

EL HEROE Y EL CHAMAN - Jean Markale

 Al igual que en la iniciación chamánica, el héroe no es completamente libre de sus actos. De cerca o de lejos le sigue siempre el maestro chamán, que puede muy bien mentir (en Wolfram, el ermitaño Trevrizent mentirá a sabiendas a Parzival a propósito del Grial), mandar al neófito tras una falsa pista y provocarle fracasos y retrocesos. Pero, en caso de peligro de muerte, el maestro estará presente para evitarle a su alumno una suerte irreparable. 

Es algo que encontramos muy a menudo en algunos cuentos populares, particularmente en la famosa SAGA DE YANN bretona, donde el joven héroe realiza proezas iniciáticas bajo la dirección -y la vigilancia- de un caballo que habla, en realidad un brujo que es el padre del joven.

Pero el pescador cojo también es una especie de herrero, y es probable que ese carácter fuera más acentuado en el arquetipo. Sin embargo, en todas las versiones subsisten algunas huellas de ese carácter primitivo.

En Chrétien, en Wolfram y en el autor galés, le enseña al héroe a utilizar una espada y lo arma caballero. En el autor galés, es cojo y tiene dos hijos bastante misteriosos. En Wolfram, tiene una hija que quisiera unir al héroe. 




Ahora bien, ese episodio parece provenir de un esquema original céltico que encontramos casi íntegramente en relato irlandés LAS MOCEDADES DE FINN. El héroe, que se llama Demné (= gamo) pero que lleva el apodo de Finn (= belllo, rubio, de raza; fein en alemán, fine en inglés y fino en castellano), futuro rey de los fiana de Irlanda, es perseguido por los asesinos de su padre Cumal (el dios Camulos de las inscripciones galorromanas). Fue criado por las mujeres guerreras -al igual que Cuchulainn, el héroe del ciclo del Ulster, y como será iniciado posteriormente Peredur por las brujas de Kaerloyw-, parte a recorrer el mundo y se establece concretamente en casa de un maestro herrero llamado Lochan, que tiene una bellísima hija llamada Cruithné. Se casa con la hija en matrimonio anual, es decir, en concubinato legal temporal según la costumbre céltica, y pide a Lochan que le forje unas armas.

El herrero le fabrica dos lanzas y Finn puede volver a marcharse.

Pero Lochan le aconseja que no vaya "por el camino donde se encuentra la cerda llamado Beo". Pero a Finn le falta tiempo tiempo para dar con la monstruosa cerda, matarla y llevarle la cabeza a Lochan "como dote nupcial para su hija". Encuentra luego a una anciana que llora la muerte de su hijo, muerto por "un grande y terrible guerrero".




Finn cumple la venganza matando al guerrero, y como éste es uno de los asesinos de su padre, la venganza es doble. Y, además, ello le permite recuperar el tesoro de su padre Cumal, que el asesino llevaba consigo. 

Hay en ello anologías evidentes entre la búsqueda de Peredur y la de Finn. No pueder ser más clara la aparición del tema de la venganza, aunque para ello se necesita un arma que sea entregada o forjada en el curso de una importante etapa de la iniciación. 


Jean Markale: LA BUSQUEDA DEL GRIAL (Girona, Tikal, 1995, pp.35-36)

viernes, 11 de junio de 2021

LAS FUENTES DE LOS POEMAS DE HESÍODO

 

Ninguna creación artística importante surge la nada o es fruto de la casualidad. Y todavía menos suele suceder eso en la literatura. El gran poeta es aquel que, bebiendo en las tradiciones anteriores, sabe adaptarlas a una nueva situación. En este terreno no cabe duda de que Hesíodo fue un gran maestro.

La mayor parte de los materiales que conforman la TEOGONÍA y LOS TRABAJOS Y LOS DÍAS estaban ahí. Algunos pertenecen a la Grecia micénica y postmicénica tal como los descubrimos en los aedos que cantaban los poemas homéricos. 




Los nombres de los dioses, algunos detalles de su historia, los catálogos de los ríos, el origen y las historias de muchos héroes, son aludidos ya en la Ilíada y en la Odisea. Es decir, pertenecen al sustrato cultural del mundo de Hesíodo y eran tan vez habituales en los concursos poéticos de  Tespias, a los que quizá acudieran también él y antes su padre.

Otros elementos y forma literarias, en las que Hesíodo se nos presenta como innovador, son de origen oriental o tienen precedentes en Oriente y la explicación de su presencia en nuestro poeta ha dado lugar a diversas hipótesis.

¿Los trajo su padre cuando emigró de la Cime eólica hasta Beocia? ¿Los difundieron los poetas venidos de distintos lugares a los certámenes de las Musas?

Parece los más probable que estas tradiciones entraran en el mundo griego durante la época micénica. Son estos elementos sobre todo el el mito de las sucesiones de los dioses Urano, Crono y Zeus, la tifonomaquia (1), el nacimiento de Afrodita, el mito de las edades (con precedentes hindúes o persas o producto de una concepción indoeuropea original) y la creación de Pandora.



También géneros literarios nuevos como el de de la fábula (en Hesíodo la del halcón y el ruiseñor), o recursos como la sphragís (introducción en el poema del nombre del autor) y el tono didáctico de los Trabajos y días, ajeno al más narrativo de la épica hasta ahora.

La investigación moderna ha hecho el seguimiento de estos materiales y procedimientos hasta la Hattusa de los hititas, Ugarit (Ras Shamra, Siria) e incluso hasta Sumer. En efecto, el Reinado en los cielos contado en las tablillas hititas de Hattusa brinda en la sucesión de Alalu, Anu, Kumarbi y Tesub sorprendentemente parecidos -incluidos detalles como el de la piedra engullida por Kumurbi, de la que nacerá Tesub- con la historia de Urano, Crono y Zeus.

Y el Canto de Ullikummi o el poema Hedammu, igualmente hititas, ofrecen un precedente para la batalla entre Zeus y Tifón. 

También se han señalado las similitudes, a veces muy fuertes, entre nuestro mito de las sucesiones divinas y la historia babilonia de Enuma Enlil, donde la pareja Apsû-Tiamat y los dioses Ea y Marduk son equiparables a Urano-Gea y a Crono y Zeus, respectivamente.

La Historia fenicia de Sankuniatón, recogida por Filón de Biblos en época de Adriano, que parecía una adaptación helenística de la cosmogonía y teogonía hesiódicas, pero que tal vez tenga su origen en textos épicos muy antiguos, como uno descubierto en Ras Shamra, demuestra el origen oriental de estos poemas. Y el parecido entre la creación de Adán en la Biblia y el de Pandora en Hesíodo o entre el sueño de Nabuconodosor (donde los metales y el barro representan la historia de Babilonia) en el Libro de Daniel y la historia de la humanidad en los Trabajos y días habla por sí solo, si no para defender una dependencia directa, sí para considerar su paralelo y posible origen de una fuente común.

También, el carácter didáctico de los Trabajos encuentra precedentes en Egipto y en Mesopotamia. Colecciones de máximas o consejos, dirigidos por un padre a un hijo o por un ministro a su rey, encontramos en esas regiones desde el Imperio Medio y desde la época sumeria.

De los documentos egipcios, en la Instrucción de Ptah-hotep un padre da consejos a sus hijos y se indica que lo único seguro es la justicia. Además, la Instrucción de Amem-em-Opet y la de Onchsheshonaqy ofrecen entre sus prescripciones ejemplos casi idénticos a los de Trabajos y días. En cuanto a los babilonios tienen gran parecido con nuestro poema las Instrucciones de Shuruppak, los Consejos de Sabiduría, de hacia el 1500-1200 a. C. y los Consejos a un Príncipe de comienzos del primer milenio antes de Cristo.

Además de todo esto, los calendarios de Hesíodo tienen precedentes en el calendario agrícola de Gezer en Palestina o en los calendarios egipcios que dividen cada día del año en 3 partes marcadas como buenas o malas, lo mismo que sucede con algunos de los Trabajos  y Días.


Aurelio Pérez Jiménez


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(1) Lucha de los dioses olímpicos, con Zeus a la cabeza, contra el monstruo infernal Tifón (que en griego significa "humo"), ser engendrador por Gea (la Tierra). Tifón arrasaba todo lo que encontraba en su paso. Es una representación de lo caótico. 

jueves, 10 de junio de 2021

LOS DRUIDAS - Jean Markale

 

Druida es el nombre que se daba al sacerdote en el sistema religioso de los celtas. El nombre proviene del radical dru-, que es superlativo, y de un término emparentado con el latín videre (ver) y el griego idein (que ha dado en castellano la voz idea).

Un druida es, pues, alguien muy vidente o muy sabio.

Los druidas constituyen una clase sacerdotal muy poderosa, dentro de la cual se agrupan distintas especializaciones y una jerarquización muy estricta. El druida propiamente dicho está en la cúspide de esta jerarquía. Cualquiera puede acceder a la clase druídica después de realizar largos estudios, de por lo menos 20 años. 

El druida participaba en la vida social, política, cultural, jurídica y religiosa del grupo a que pertenece. Forma, con el rey, una pareja, un poder bicéfalo sin el cual nada puede hacerse. El es quien inspira la acción que el rey ejecutará. En una asamblea, el rey habla siempre a continuación del druida, pero éste no es nada sin el rey. 




En la Irlanda pre-cristiana, el druida pasó a ser un file (1), y fue a fili a quienes convirtió San Patricio al cristianismo. 

En el continente europeo, las autoridades romanas prohibieron a los druidas la enseñanza, y la institución druídica se extinguió paulatinamente.

En la Gran Bretaña, los druidas se mantuvieron por más tiempo, pero fueron integrándose paulatinamente en la clase sacerdotal cristiana. 

A partir de fines del siglo XVIII, se ve reaparecer a druidas, pero éstos no son más que neo-druidas que no poseen ningún vínculo con los druidas de los tiempos de la independencia céltica. El druida sólo puede existir en el marco de una sociedad céltica.

La existencia de las druidesas, a pesar de numerosas leyendas, no ha podido comprobarse. Algunas mujeres formaban parte de la clase druídica, pero a título de poetisas y profetisas.


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(1) El plural es fili. En el siglo IV d. C., en la época de San Patricio y la propagación del cristianismo en Irlanda, los druidas son despreciados y comparados a simples hechiceros. Entonces es cuando los fili, a la vez poetas, sabios y juristas, ocupan la cúspide de la jerarquía druídica.

EL HOGAR VIKINGO EN DUBLIN

 

Dublín fue fundada por los vikingos alrededor de 841 como base militar y centro de comercio de esclavos, y ha sido capital de Irlanda desde la Edad Media.

La bahía donde se ubica la actual capital de la república de Irlanda estaba habitada desde mucho tiempo atrás. Restos de esos antiguos pobladores son los grandes monumentos de piedra (megalitos) que aún hoy se pueden ver.

Los celtas llegaron a esa zona costera a finales del siglo VIII a. C.

Cuando arribaron los vikingos desarrollaron un área comercial en la orilla sur del río Liffey y la denominaron Dubh Linn (laguna negra). Los celtas quedaron al norte del mencionado río en un sitio que llamaban Baile Atha Cliath: poblado del vado de cañizo, una especie de caña. Justamente, ese tipo de material era utilizado en la construcción de las viviendas. En la obra "Vivir la historia de la Irlanda celta" (Folio, 2008) se describe el hogar vikingo típico de Dublin:

"En el viejo Dublin, la vida en una casa de zarzos (tejido o entramado plano hecho con cañas, varas o mimbres) no debía ser muy confortable. En primer lugar porque había que enfrentarse al frío y a la humedad del clima. En segundo lugar, porque la amenaza de que el río Liffey se desbordara era constante. Por consiguiente no es de sorprender que las casas de los vikingos no duraran más de 10 a 20 años: Se pudrían las vigas de madera en su base y había que evacuar antes de que se vinieran abajo los tejados de paja que sostenían. 

Pero la perspectiva de una casa nueva era una delicia: olería maravillosamente a las ramas entrelazadas que formarían las capas de sus paredes y al musgo y al helecho con que éstas se rellenaban con fines aislantes.

Sin embargo, poco duraría la alegría, pues la casa no tardaba en impregnarse del humo de la chimenea del centro de la sala y del hollín que ennegrecía el zarzo.

Una amplia sala ocupaba el centro de la vivienda, con bancos a cada lado. El suelo era de tierra apisonada, a veces cubierta con esteras. En las paredes interiores podían colgar retales de tela o mimbre entrelazado a fin de conseguir de conseguir cierto aislamiento. Se solía reservar un rincón para tareas domésticas o la confección de objetos artesanos. Se han encontrado en estas zonas barriles, mantequeras y bancos de trabajo.

Con el fin de protegerse contra el frío y la humedad, la gente se ponía ropa gruesa y pesada de lana burda. Sin embargo, se anudaban pañuelos de seda en el cuello para evitar el efecto de las rozaduras.

Dormían en los bancos que se alineaban contra las paredes y que se cubrían con maleza y paja. Para taparse utilizaban pieles y lana de animales. A pesar del entorno grisáceo en el que vivían, o tal vez precisamente para compensarlo, los vikingos se vestían  con ropas de colores vivos y hacían uso de adornos muy refinados, como broches de plata, collares con abalorios, anillos de oro y utilizaban horquillas para el pelo de hueso tallado. Precisamente, los objetos más valorados por los dublineses eran los peines para peinar el largo caballo tan común en los dos sexos."








domingo, 6 de junio de 2021

LA MANZANA Y AVALON - Mitología céltica

 La manzana es el fruto por excelencia en la tradición céltica. 

La palabra que la designa en francés es pomme, que deriva del latín pomum o pomus (fruta, árbol frutal), la cual reemplazó a la que significaba propiamente manzana. La voz latina para esa fruta es malum. En bretón y galés (lenguas céticas) tenemos aval y en irlandés, abhal. Esas formas célticas tienen la misma raíz que el inglés apple y el alemán Apfel.

Simbólicamente, la manzana designa al fruto del Conocimiento o de la Sabiduría Superior y de la Vida Eterna.

Por su parte, el manzano es el árbol sagrado de los celtas. La isla paradisíaca y maravillosa donde viven los dioses, las hadas y los héroes - la Insula Pomorum (Isla de las Manzanas, en latín)- está siempre cubierta de manzanos que dan frutos durante todo el año. Es el mito de Avalón, derivado claramente del ya visto aval.

Avallach es el nombre galés de la isla de Avalón.




En el texto latino de Godofredo de Monmouth Vita Merlini (La Vida de Merlín), del siglo XII, esta isla es denominada Insula Pomorum. Allí reina Morgana, rodeada de sus 9 hermanas, que son otras tantas hadas y que tienen la facultad de cambiar su aspecto, revistiendo particularmente el de las aves.

El mito de Morgana, que pudo transformase en cuervo o en corneja, es idéntico al mito irlandés de Morrigan o de Bodh, una Tuatha De Danann, que aparece a menudo en forma de corneja. 

El tema de Avalón conecta con el de las galisenas de la isla de Sein, profetisas y magas a la cual se refieren los autores griegos y latinos, así como con el de la Isla de las Mujeres, Emain Ablach (Emain de los Manzanos), de la que nos brindan entusiastas descripciones muchos relatos irlandeses de navegaciones maravillosas.

Recuperada para la leyenda artúrica, la Isla de Avalón aparece como la morada feliz a la que el hada Morgana lleva a su hermano el rey Arturo, mortalmente herido en la batalla de Camlann, para mantenerlo durmiendo o en letargo hasta el momento en que los tiempos permitan su regreso al mundo de las realidades humanas.

Bajo la influencia de los monjes cluniacienses, y también por voluntad de Enrique II Platagenêt, los monjes de la abadía de Glastonbury pretendieron, en el siglo XII, que este lugar, que constituía una especie de isla en medio de las ciénagas, era la famosa isla de Avalón. Inventaron falsas cartas y "descubrieron" en 1191 la tumba de la reina Ginebra y del rey Arturo, que todavía hoy puede verse en las ruinas del monasterio.

Cabe también acotar que otro árbol sagrado entre los celtas es el avellano, cuya madera era utilizada por los druidas para operaciones mágicas. Esto se puede relacionar con la famosa varita mágica. Avellano y avellana (su fruta) derivan del latín Abella, de la misma familia indoeuropea que el inglés apple, el alemán Apfel, el celta aval  y el ruso yábloko (manzana), originándose en el indoeuropeo abel- (manzana). 


Información extraída básicamente del PEQUEÑO DICCIONARIO DE MITOLOGÍA CÉLTICA (Jean Markale)

viernes, 4 de junio de 2021

LOS TUATHA DE DANANN Y LOS CÍCLOPES

 

Gavida el herrero y sus dos hermanos forman una tríada cuyo origen se encuentra en un detalle de la segunda batalla de Mag Tured. 

Recordemos a los tres obreros que fabricaban las armas de los Tuatha De Danann y cuya habilidad constituyó una de las causas de la derrota de los Fomoré.



El primero de ellos era
Goibniu, herrero. Su nombre deriva del irlandés antiguo goba: "herrero". Actualmente se pronuncia gava. De ahí el moderno derivado Gavida de la leyenda popular.

Esos tres obreros asociados a la victoria de los dioses del día y de la vida -en irlandés Tuatha De Danann- son idénticos a los tres Cíclopes de poderoso coraje: Brontes, Estéropes y Arges, quienes dotaron a Zeus con el trueno y fabricaron para él el rayo, es decir, los dardos que aseguraron la victoria del dios solar Zeus en su combate contra los dioses de la muerte y la noche, a quienes los griegos denominaban Titanes.

"... le regalaron el trueno, el flameante rayo y el relámpago; antes los tenía ocultos la enorme Gea, y con ellos seguro gobierna a mortales e inmortales."



El trueno y el rayo son llamados los
dardos de Zeus en los versos 707 y 708 de la Teogonía de Hesíodo, versos que forman parte del relato de la batalla entre Zeus y los Titanes.

No debemos olvidar los procedimientos maravillosos que, durante la batalla de Mag Tured, emplearon Goibniu y sus dos compañeros para fabricar las lanzas con que los victoriosos Tuatha De Danann atravesaban a sus desdichados enemigos los Fomoré.

En el cuento popular, el herrero Gavida y sus dos hermanos se oponen a Balor o Balar, el guerrero Fomoré. Y la barra de hierro al rojo con que Balar resulta mortalmente herido proviene justamente de la forja de Gavida.

Existe allí un fondo de tradiciones comunes, así como una teoría dualista genéricamente más desarrollada en Irlanda que en Grecia. 

 A veces, sin embargo, ocurre lo contrario. Así, por ejemplo, en Irlanda no encontramos los desdoblamientos griegos de los Cíclopes -Coto, Briareo y Giges-, esos tres guerreros de cien brazos cuyo concurso, según Hesíodo, contribuye a la victoria de Zeus contra los Titanes.


H. d'Arbois de Jubainville: EL CICLO MITOLÓGICO IRLANDÉS Y LA MITOLOGÍA CÉLTICA (Barcelona, Edicomunicación, 1996, pp. 142-143)